jueves, 18 de febrero de 2016

PASÓ EN LA INFANCIA - Capítulo I: "Nunca".

Como aclaración, para que mi redacción me sea más clara y ágil, expresaré la infancia como la que me ha tocado vivir.

Durante la infancia, sólo importa jugar, encontrarse con amigos para simplemente ser uno mismo, sin las represiones impuestas por el colegio y en algunos casos también en el hogar.

Durante la infancia, me he rodeado de muchos amigos, tanto de los que uno no recuerda cómo se los conoció, como de los que han estado durante un período corto de tiempo debido a la situación más temida de todo pibe: la mudanza. También, amigos no tan amigos, aquellos que compartían sólo algún día en particular por solamente haber cruzado sus caminos o amigos que no seguían el mismo mundo lúdico al mostrar gustos y comportamientos distintos, chocantes e irreproducibles. Este escrito reproducirá una situación vivida con un amigo y con otro no tan amigo.

Un día normal, creo acordarme, viviendo el día libremente fuera de toda institución represora, compartiendo y disfrutando de la vida de ese glorioso período de tiempo, junto con un amigo, hasta que ahí aparece, de pronto, sin darnos la oportunidad de escondernos, Plastios.
Plastios, un chico muy diferente a nosotros, no tan unido pero cuando aparecía correspondía compartir el día con él. ¿Por qué correspondía?. Correspondía porque usaba la violencia como método para imponerse como superior ante nosotros y, como no nos caracterizamos por tener ese aspecto en absoluto, nos amoldábamos a sus juegos, a sus modos. Jugábamos sin jugar.
Hay personas que al acumular muchas situaciones desagradables donde la represión es menéster, explotan. Este fue un caso.
No recuerdo bien, pero durante una negociación de juego, obviamente dirigida por Plastios ocurrió un suceso muy por fuera de lo común. Hubo un "no", yo, desconcertado, sólo observando la situación. Mi amigo se cansó, y comenzó a llenarse de represión, al principio sólo salpicando quejas. Plastios, asombrado comenzó a usar sus métodos violentos para anteponerse, pero esta vez no bastó y mi amigo estalló revalsándose de libertad. Lo aferró con sus brazos utilizando toda su fuerza absoluta, activada por la situación, anulándole todo movimiento a Plastios que se encontraba perdido en su asombro. Mi amigo mientras lo mantenía atrapado, descargaba la fuerza contenida durante mucho tiempo, sin poder evitar el llanto y exclamando un grito que ha quedado inmortalizado: "NUNCA".